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24 HORAS FILOSOFÍA EN HONOR AL PROF. JOSÉ TAVÁREZ

Día: viernes 12 de abril 2024
Lugar: Lobby Edificio 2 Ciudad Universitaria La Barranquita, Santiago
Hora: 9 am a 5 pm

Estudiante 1
¿Se puede ser cristiano y homosexual al mismo tiempo?
Prof. Eulogio Silverio

Desde la óptica del cristiano, no es posible, porque los cristianos, en sentido general, se rigen por las normas establecidas en el texto bíblico. Es decir, la Biblia es su guía en el ámbito moral.

Dicho esto, si los cristianos cumplen al pie de la letra lo que establece ese texto que consideran sagrado, entonces un homosexual que practica la homosexualidad —no el homosexual latente o aquel que no está viviendo su preferencia— no podría ser considerado cristiano según esos parámetros.

Me refiero al homosexual activo, en el sentido de que vive su orientación sexual de forma práctica. No hablo del uso que los propios homosexuales hacen de los términos “activo” o “pasivo”, es decir, el que penetra y el que recibe, respectivamente, sino al hecho de que lleva a cabo conductas homosexuales de forma activa.

Desde la perspectiva cristiana, no puede ser. Es decir, no se puede tener simultáneamente la condición de practicante de la homosexualidad y la de cristiano verdadero, según esa doctrina.

Naturalmente, puede darse el caso de que una persona homosexual tenga el mismo nivel de creencia religiosa —en el sentido psicológico— que un fervoroso cristiano. Sin embargo, lo que ocurre es que, según la Biblia, libro sagrado para los cristianos, el homosexual que vive su orientación no obedece ese mandato bíblico que declara:
«No te echarás con varón como con mujer; es abominación.»
Ese es el texto al que siempre se alude.

Pero los homosexuales argumentan que hay muchísimos otros pasajes de la Biblia que ya están desfasados y que ningún cristiano reivindica en la actualidad. Por ejemplo:
“Asimismo, en cuanto a los siervos o siervas que tengas, serán de las naciones que están en vuestros alrededores; de ellos podréis comprar siervos y siervas… y serán vuestra propiedad. Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria…”
Entre muchos otros textos similares.

Estudiante 2
¿Una pareja de homosexuales puede formar una familia que sea ejemplar y digna de respeto en el marco de la sociedad?
Prof. Eulogio Silverio

Homosexuales, parejas estables, respetables… Bueno, como esta pregunta entra ya en un plano más personal, debo responder de manera honesta, porque la realidad social muchas veces nos confronta con situaciones aleccionadoras y no tenemos otra salida que enfrentarlas.

En la Universidad Autónoma de Santo Domingo, hace unos meses, falleció un profesor de arte muy reconocido, una eminencia, quizás uno de los más talentosos que ha tenido esa facultad. Fue también mi profesor. Una persona sumamente decente. Era homosexual.

No era afeminado ni escandaloso. Simplemente era homosexual y tenía una pareja: un médico, también profesor. Y cuando enfermó, su pareja lo cuidó con dedicación, hasta el final.

¿Qué sucedió? Que al morir nuestro amigo, los hermanos del difunto quisieron apoderarse de sus bienes. ¿Y a quién recurrió entonces su pareja, el médico, en busca de ayuda?

A un amigo mío, quien me llamó y me dijo:
—Eulogio, hay que conseguirle un abogado a fulano, el compañero de… Que le están por quitar todos los bienes, lo quieren dejar sin nada. Usted sabe que ellos eran compañeros, y lo que tienen lo construyeron juntos y se llevaban muy bien.

El asunto es que, aunque no quería involucrarme en nada de eso, me vi en la obligación —por el amigo que me llamó— de contactar al Consultor Jurídico de la UASD, que es mi amigo, el Dr. De Aza. Y en mi oficina, en la Escuela de Filosofía, los reuní. Al escuchar su historia, me dio hasta pena. No pude mirarlo como a un homosexual, sino como a un ser humano que sufría.

Con esto creo que respondo a la pregunta de si dos homosexuales pueden tener una relación de pareja que sea respetable. Por lo menos para mí, esa pareja lo era. No eran escandalosos ni provocadores. Vivían su vida, y quienes querían ser sus amigos lo eran, sin prejuicios. Incluso entre ellos mismos bromeaban sobre otros homosexuales:

—Mira a este maricón, comportándose como mujercita.

Yo creo que esas personas eran respetables.

Ahora bien, hay que decir que la moral no depende de lo que yo, como individuo, piense, sino de lo que piensa la sociedad que juzga a esa pareja en su contexto social. Eso quiere decir que, aquí en República Dominicana, posiblemente una pareja homosexual no sea respetada por la sociedad, porque no comparte esos valores y los rechaza.

Pero hay sociedades, hay grupos humanos en otros países, donde las parejas homosexuales sí son respetadas. Por ejemplo, en Alemania, la ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks, es abiertamente lesbiana y se casó con su pareja, Valérie Vauzanges, en octubre de 2017. Y hay muchísimos casos similares. Y nada, en Alemania parece que eso no importa, porque si la eligen como ministra teniendo como compañera a una mujer, es porque la consideran respetable.

Estudiante 3
¿Pueden las trabajadoras sexuales ser aceptadas en la sociedad sin sufrir estigmatización?
Prof. Eulogio Silverio

Eso va a depender de la sociedad que juzga la acción de la prostituta. Porque hay grupos humanos que defienden la prostitución como un trabajo digno, incluso dignificante para la mujer que la ejerce. Sostienen que, en muchos casos, la prostitución es un camino hacia la libertad. No se refieren a una libertad sexual, sino a la posibilidad real de sacar a su familia de la miseria en que vive.

Naturalmente, están teorizando sobre una prostituta que viene de países como Cuba, Haití, México o Venezuela, que viajan desde economías precarias a países más desarrollados y que, fruto del ejercicio de la prostitución —de la venta de servicios de placer y acompañamiento— pueden enviar dinero a sus familias, ayudar a sus hijos para que estudien, para que se preparen.

Y ustedes lo saben: hay muchísimas mujeres que se han prostituido, que se prostituyen, y que mandan a sus hijos a la escuela, a la universidad, y no desean que esos hijos terminen envueltos en la misma situación. Entonces, el estigma siempre va a depender de la sociedad en la que vive esa persona que ejerce la prostitución.

Hay todo un debate sobre este asunto: si la prostitución debe ser legalizada o erradicada. Una profesora nuestra, Ingrid Luciano Sánchez, hizo su tesis precisamente sobre ese tema: el tratamiento que se le ha dado a la prostitución en el teatro dominicano desde 1954 hasta 2019. Es un libro que les recomiendo leer.

Estudiante 4
¿El pastor que vive del diezmo mientras su feligresía permanece en la pobreza y el hambre está actuando moralmente bien?
Prof. Eulogio Silverio

Desde mi punto de vista, no está actuando bien. Pero la respuesta dependerá de quién juzga al pastor. Si es la propia comunidad evangélica —vamos a ponerle esa etiqueta—, que paga el diezmo voluntariamente porque él les brinda un servicio de orientación, de guía espiritual, de representación… si son ellos los que lo juzgan, muy probablemente dirán que está actuando correctamente, porque creen que Dios le ha dado esa bendición.

No lo tomen como un asunto ligero. Todas las cosas son importantes en la vida. Yo jamás pensé que en algún momento diría que las personas que se encargan de buscar a los muertos en la morgue realizan un servicio necesario. Pero cuando a mí me tocó ir a buscar a un muerto a la morgue, me di cuenta de que esa persona a la que uno le paga para que cargue el cadáver, lo bañe, lo acomode en una caja y te lo lleve, para que tú solo tengas que enterrarlo y llorarlo… esa labor también es necesaria.

Entonces, en ese sentido, si el pastor es valorado por la comunidad que lo recibe, si entienden que él les brinda un servicio y los hace sentir bien, pues que paguen su diezmo.

Desde mi punto de vista, todo el que recibe algo debería trabajar. Pero, ¿y si ese es precisamente el trabajo del pastor? Si su labor consiste en estar disponible, en estar pendiente… como he visto en los pastores de mi campo: pastores que a las tres de la mañana reciben una llamada, les tocan la puerta —»Pastor, se murió fulano»—, y ellos se levantan, van a dar soporte, prestan su vehículo, ayudan a hacer las diligencias del entierro o a buscar el cadáver a la morgue.

O sea, él está dando un servicio. Ese es su trabajo. Porque, al final de cuentas, los sacerdotes deben vivir del altar.

Estudiante 5

—¿Está dando un buen ejemplo un profesor universitario que participa en apuestas de peleas de gallos?

La sociedad que va a juzgar esa acción es la que debe decidir si es inmoral o no. Si es la comunidad de profesores la que lo juzga, yo no le veo nada de malo que participe en juegos de gallos, aunque yo personalmente no participo. Preferiría más bien presenciar una pelea entre dos hombres, cada uno con su espada, que una pelea de gallos, porque al menos, cuando dos hombres se enfrentan, lo hacen por elección propia. Pero los gallos no tienen libertad de elegir.

Ahora bien, si es la comunidad estudiantil la que juzga esa acción, debe evaluarse moralmente si es aceptable que un profesor frecuente centros de prostitución y consumo de alcohol. Es decir, un profesor que los estudiantes encuentren bebiendo ron como un perro en un lugar de prostitución.
Yo creo que, desde el punto de vista de la comunidad académica, eso es inmoral. Y desde el punto de vista de los estudiantes, también. Es inmoral.
La moral no es lo que tú piensas, Pedro; es lo que la comunidad piensa.

Y eso tiene que ver con el tema académico, con la competencia académica. Es que estamos hablando de que él es un profesor. No es solo un matemático o un físico desconectado de la realidad: está de cara a los estudiantes, a sus colegas y a la sociedad. La moral pertenece a los grupos, a la sociedad, no al individuo.

Entonces, usted puede elegir hacer otra cosa. Ahora bien, ser profesor implica que usted ha hecho —aunque no se dé cuenta— un contrato tácito de hacer uso privado de su razón.
¿Y qué es hacer uso privado de la razón? Significa que, mientras usted esté en funciones como profesor, debe comportarse conforme a las expectativas que la sociedad y su gremio tienen de usted.

Si usted quiere dedicarse a la prostitución o al alcohol, hay espacios para eso que no necesariamente se encuentran en la comunidad donde usted ejerce. Por eso hay que tener mucho cuidado en estos pueblos más o menos pequeños, donde todos nos conocemos, para que no le pase lo que le pasó a un profesor de aquí, de Santiago.

Ese profesor iba no sé para dónde, se paró en una farmacia a comprar sildenafil en un lugar lejano, pensando que allí nadie lo conocería. Pero aquí en Santiago usted va a cualquier sitio —un banco, una tienda, a Claro— y aparece un muchacho o una muchacha:
—“¡Profesor! Usted me dio clases en tal sitio, en tal año.”

Pues ese profesor fue a comprar su sildenafil a una farmacia distante, y cuando se estaba despidiendo, el dueño de la farmacia le dijo:
—“Profesor, ¿y el programa por qué no salió el sábado?”

O sea, donde usted ejerce como profesor, necesariamente tiene que mantener el comportamiento modélico que espera la comunidad académica, que espera la sociedad y que esperan sus estudiantes.

Hay un profesor que cuenta que un día estaba en el Monumento con una amiga —ya saben que el Monumento es altísimo, con una larga escalera—, y desde abajo un estudiante lo vio y dijo:
—“¡Mira a fulano!”

Pero no solo lo saludó desde allá abajo, sino que subió a ver con quién era que andaba.
Eso quiere decir que, en este espacio, los profesores deben mantener un comportamiento modélico.

Estudiante 6

¿Debe una persona que consume drogas —aunque no le haga daño a nadie— ser juzgada moralmente?
Bueno, si consume drogas, hay que ver si la sociedad ha etiquetado esa sustancia como “droga”. Si lo ha hecho, ya existe un juicio, y no es solo una cuestión legal.
Una conducta no dejará de ser juzgada negativamente hasta que la sociedad deje de considerar droga a esa sustancia.

¿Entendido? Mientras la sociedad siga llamando droga narcótica a lo que esa persona consume, es porque tiene un veto moral. No hablo de lo legal, sino de un juicio moral.

En este caso hablamos de la marihuana. Legalmente, en República Dominicana, la marihuana es una droga. Médicamente no siempre está clasificada como tal, y hay muchos países donde su consumo es legal.
Pero en República Dominicana sigue siendo inmoral el consumo de marihuana y sigue siendo ilegal, porque son las sociedades las que crean y determinan los valores.

— Pedro Paulino 

 Me parece digno de reflexión que algo sea considerado abiertamente inmoral —como que un maestro, por aspectos que no tienen nada que ver con su calidad académica, se califique inmediatamente de inmoral por ingerir alcohol, que también es una droga, o por recurrir a servicios de prostitución—, mientras que sea debatible si es inmoral o no el consumo de otras drogas.
O sea, nosotros como sociedad deberíamos pensar que todos los días definimos nuestros valores, todos los días redefinimos nuestra moralidad. Cuando algo se ve borroso así, es un llamado a la reflexión sobre nosotros mismos. 

Prof. Eulogio Silverio 

Yo pienso igual: cuando algo se vuelve difuso, hay que preguntarse qué está pasando.

Ahora, como te dije: nadie ha obligado a nadie a ser profesor. Si usted eligió la profesión docente, no solo es un sueldo lo que se le está dando, no es solo conocimiento lo que se le exige. También se le están pidiendo otras cosas. Y usted puede dejar de ser profesor cuando quiera.
Pero mientras sea profesor, la sociedad, que le ha confiado a usted su juventud, lo hace porque espera un modelo.

Quiere un modelo en ese profesor. Entonces, si usted no puede ser ese modelo —no lo digo por ti en particular—, si alguien no puede ser el modelo que esa sociedad espera, entonces debe buscar otra cosa que hacer.
Mientras tanto, sigo diciendo: las sociedades son las que crean los valores morales.

No necesariamente existe el bien o el mal en sentido absoluto. No estoy afirmando que algo sea malo o bueno en sí. Lo que es malo en un sitio puede ser bueno en otro.

Prof. Eulogio Silverio
En este momento paso a dar respuestas a una serie de preguntas que me envió Catherine Báez. Las preguntas me parecieron interesantes y he decidido compartir las respuestas con ustedes.

Prof. Catherine Báez

—¿Cómo definiría o diferenciaría yo el concepto de ética y de moral? 

Prof. Eulogio Silverio 

–Ella pregunta esto porque quiere, porque en los textos que le di a leer ya estaba definido, pero quiso que yo lo explicara.
Como usted bien conoce, he decidido asumir la definición del filósofo español Gustavo Bueno, creador del materialismo filosófico.

El profesor Gustavo Bueno define la ética como el conjunto de valores y normas dirigidas a preservar la integridad, sobre todo física, del individuo como tal, del individuo corpóreo. Y define la moral como el conjunto de valores dirigidos a preservar la integridad, sobre todo física, del grupo como tal.
Fíjense: hay una que está dirigida al individuo, y otra que está dirigida al grupo.

Esto quiere decir que, en algún momento, esas normas podrían entrar en conflicto. Porque si la moral busca preservar el grupo, y la ética busca preservar al individuo, muchas veces lo que beneficia al individuo perjudica al grupo.

Es lo primero que debo decir en respuesta a su pregunta sobre cómo diferenciar ética y moral.

Curiosamente, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) —no creo que quienes diseñaron los programas lo hicieran de forma consciente, pero es interesante— tiene una asignatura llamada “Ética” (sin apellido), que se imparte a estudiantes de Filosofía y de Filosofía y Letras.
Tiene también una asignatura llamada “Fundamentos de Ética General”, que se imparte a los estudiantes de Medicina.
Y otra asignatura llamada “Fundamentos de Ética Aplicada a la Educación Física”.

¿Por qué a los estudiantes de Medicina y de Educación Física se les ofrece una ética específica? ¿Por qué no simplemente Ética General para todos?
Porque en esas carreras se trabaja directamente con el cuerpo de los otros, y es necesario enseñar cómo tratar el cuerpo del otro.

El médico tiene que ver, tocar, examinar y a veces intervenir en el cuerpo del otro. Como decía Balboa: “tiene que meter los dedos por muchísimos sitios”, incluso a las mujeres, si se trata de un examen vaginal, o a los hombres mayores, para ciertos exámenes rectales.
Es decir, se trata de una agresión potencial al cuerpo del otro, aunque sea en nombre de la medicina. Incluso al poner una inyección o canalizar una vena, hay un riesgo.
¿Qué pasa cuando la persona que canaliza no tiene pericia y uno ve que está empujando el líquido, y no entra? Uno se niega, hasta que viene una enfermera con experiencia y le dice:
—“No, no, espérate… así no.”

Porque evidentemente, si no pasa el líquido, es porque no canalizaste bien.
Por eso es tan delicada la profesión de la enfermera y del médico, porque siempre están con el peligro de dañar el cuerpo del otro. ¿Y cuántos no se han muerto por falta de un tratamiento adecuado? Muchos. Muchísimos.

Pero en el caso de los profesores de educación física, la situación también es delicada. ¿Por qué se exige una ética especial para ellos? ¿Cuántos profesores de educación física, lamentablemente, no han fallado en su profesión, precisamente porque están constantemente enfrentados al cuerpo del otro? Muchas veces, para enseñar cómo se hace un ejercicio, tienen que tocar al estudiante —al muchacho o a la muchacha—, y el contacto físico puede dar lugar a situaciones indeseadas.

Si usted no tiene claro que el cuerpo del alumno, aunque no sea usted religioso, debe ser visto como algo sagrado, como algo que no puede tocarse con malas intenciones, ni dañarse, entonces no debería estar en esa posición. Debe evitarse, en lo posible, tocar el cuerpo del otro, sobre todo el cuerpo de los niños.
Algunos profesores de educación física me han dicho que esto es un problema, especialmente con las niñas. Cuando el profesor hace algo bueno, muchas veces todas corren a abrazarlo. Y él tiene que frenarlas y decir:
—“No, mis hijas, no pueden abrazarme. No deben tocarme.”

Muchos ejercicios ya se hacen con instrumentos, para evitar ese contacto. Porque imagínese: un profesor es humano, y la estudiante también lo es. Si están pegados uno del otro, enseñándole a subir el brazo, a posicionarse… en cualquier momento puede ocurrir una desgracia.

Entonces, la ética, como dijimos, está dirigida a preservar la integridad del individuo, sobre todo del cuerpo físico del individuo, y tiene que ver con todo eso.
La moral, como explicamos, muchas veces entra en conflicto con las normas éticas. ¿Por qué? Veamos un ejemplo tomado de una serie de televisión llamada “El último de nosotros”.

En esa serie se plantea el conflicto entre los valores del grupo y los valores del individuo. Supuestamente hay una adolescente que podría ser la clave para encontrar la cura de un virus que está acabando con la humanidad.
¿Qué pretende el grupo? Sacrificar a esa muchacha para desarrollar la cura.

Pero, señores, acabamos de decir que la ética está dirigida a proteger la integridad del individuo, especialmente su cuerpo. Y ella no quiere morir.
¿Ustedes aceptarían que los mataran para salvar a los enfermos de cáncer? Tal vez uno lo pensaría con su madre. Yo quiero vivir. Yo soy este cuerpo. No me hablen de separación entre alma y cuerpo: yo soy este cuerpo. Aquí es donde pienso, siento, habito.

¿Qué quiere la comunidad? Sacrificar a la muchacha para intentar salvar a todos.
Esto nos lleva a otra pregunta que me hizo Catherine: ¿qué es la moral? Ya la definimos: es el conjunto de normas y valores dirigidos a preservar la integridad del grupo.
Pero no solo pueden entrar en conflicto las normas éticas y las morales, sino que hay otro conjunto de normas que muchas veces están por encima de ambas: las normas políticas.

Por ejemplo, siguiendo con la serie “El último de nosotros”, cuando comienza la epidemia, el ejército llama a la mayor especialista en ese tipo de virus. Le presentan un cuerpo infectado y, tras analizarlo, ella le dice al jefe militar:
—“Deme una hora para ir a despedirme de mi familia… y luego tiren una bomba sobre esta ciudad. Llamen para que bombardeen esta ciudad y eliminen a todos sus habitantes, para ver si así evitamos que el virus se propague a la nación completa.”

Porque si el virus sale de allí, se acaba la civilización.
Ahí vemos cómo entran en conflicto las normas éticas, morales y políticas. El Estado, si quiere preservar la eutaxia —el orden y el bienestar— de su sociedad, está obligado a actuar políticamente, incluso si eso implica decisiones dolorosas.

Supongamos que el virus está en Puerto Plata. El Estado estaría obligado a borrar del mapa esa ciudad para salvar el resto del país. Y si tuviera que eliminar a la mitad del país para salvar la otra mitad, también tendría que hacerlo.
Eso violaría las normas éticas y morales, pero respondería a la lógica de las normas políticas.

Dicho de otro modo: no se gobierna con la ética ni con la moral; se gobierna con normas políticas.
Por eso muchas personas no entienden lo que está pasando con las repatriaciones masivas de haitianos. Lamentablemente, un Estado no puede gobernarse por sentimentalismos: no puede dejar entrar a todo el mundo solo porque sean pobres, necesiten servicios de salud o comida.
Ese discurso nos trajo hasta aquí, con más de dos millones de haitianos presionando el sistema educativo, el sistema de salud y todos los servicios públicos.

Entonces, ahora el gobierno ha tomado un conjunto de medidas que parecen desagradables.
Sí, lo primero que debió hacer fue no dejarlos entrar. Pero, aunque tardías, las medidas que se están tomando ahora son necesarias.
Y un gobierno que actúe como debe hacerlo —es decir, políticamente— debe seguir ejecutando esas medidas, aunque nos parezcan dolorosas.

Prof. Catherine Báez

¿Cuál es el fundamento de la moral?

Prof. Eulogio Silverio 

–Yo creo que Fernando Valdez podría responder esa pregunta  fácilmente.
Si hemos dicho que la moral es de grupo, y que cada comunidad crea sus propios valores morales, entonces el fundamento de la moral está en la convivencia social.

¿Cómo aprendemos lo que es bueno o malo?
No lo aprendemos por teoría, ni razonando: “esto es bueno”, “esto es malo”. No. La moral se aprende conviviendo con los otros.

Cuando nacemos, no tenemos conciencia moral ni conciencia de ningún tipo. Pero esa conciencia se va formando con los valores que absorbemos de nuestro entorno.
Si nací en una comunidad donde mi padre cazaba personas para comérselas, y mi tío también, y mi abuelo también, y mis vecinos también… y cada vez que atrapamos a alguien hacemos una fiesta y nos lo comemos, entonces eso será moral en mi comunidad.

¿Por qué razón ustedes piensan que una persona que creció viendo eso en su familia y comunidad como algo bueno, cuando llegue a adulta va a pensar que eso es malo? No. Su conciencia moral le dirá que eso es bueno, porque así lo aprendió, lo grabó de manera psicológica.
Eso quiere decir que la moral no es racional, o si lo es, lo es muy poco.

La parte racional de la moral aparece cuando ocurre el hecho, y uno se queda pensándolo, analizándolo, decodificándolo. Y ahí me viene a la mente el psicólogo Jonathan Haidt, que tiene un artículo —bueno, en realidad está en un libro— donde habla del «perro con cuerpo emocional y cola racional».
Es decir, el perro cuando uno le dice algo, menea la cola como si entendiera, pero en realidad no entiende nada; simplemente responde con la emoción.

Jonathan Haidt pone un ejemplo algo grosero, pero estamos entre adultos y lo cito para que se entienda de qué estoy hablando.
Cuenta que unos hermanos que trabajaban en una compañía recibieron un entrenamiento en un resort. Como eran hermanos, pensaron: “¿Para qué pagar dos habitaciones? Vamos a dormir juntos en una sola, así ahorramos”.
Y uno de los dos propuso: “¿Y por qué no tenemos relaciones sexuales?”.
El otro respondió: “No, porque la religión lo prohíbe”.
Y el primero dijo: “Pero nosotros no somos religiosos”.
—“Bueno, es que la familia no vería bien eso.”
—“Entonces no se lo digamos a nadie. Que quede solo entre nosotros.”
—“Pero, ¿y si hay un embarazo?”
—“Hay hijos con problemas que no son hijos de hermanos. Es cierto que el cruce de sangre directa puede provocar degeneraciones, pero usamos protección.”

Así, fueron desmontando una por una las objeciones racionales, religiosas y sociales. Y ahí se quedó el cuento.
Ahora bien, yo les pregunto: ¿cuántos de ustedes, aun desmontando todas esas objeciones, estarían dispuestos a tener relaciones sexuales con una hermana o un hermano?

Antes de que respondan, déjenme decirles que a mí la sola idea me resulta imposible de pensar.
No puedo imaginarme a mí mismo en una relación de ese tipo con una hermana. ¿Por qué? Porque aunque sepa que racionalmente no hay nada que lo impida, y que hay sociedades —como la del antiguo Egipto— donde eso ocurría entre los faraones, mi psicología me dice que eso no se hace.

¿Quieren más evidencia de que la moral, de lo bueno y lo malo, se aprende por la práctica?
Voy a citar algunos ejemplos que tengo en un libro próximo a publicarse.

En la India, una madre envenenó a tres de sus hijas. Porque, en su comunidad, cuando un padre no puede mantener a sus hijas, el gurú del pueblo y la familia le aconsejan ayudar a ese hombre… eliminando una de las niñas.
Aunque en el video donde aparece la madre está llorando, en su comunidad esa acción es vista como correcta. Porque así lo han aprendido. Esa es la solución que conocen.

También James Rachels, en su libro “Introducción a la filosofía moral”, menciona el caso de los esquimales.
Cuando hay escasez de alimento y un anciano ya no puede producir, lo sacan al hielo para que muera.
Nosotros no haríamos eso con nuestras madres. A mí me daría algo sacar a mi mamá al patio para que se muera. Imagínese: después de todo lo que una madre hace, que uno la saque a morir como si nada.
Sin embargo, en esa cultura esa era una solución normal.

Todo esto quiere decir que la moral adquiere su sentido de lo bueno y lo malo en la práctica, en la convivencia.

Prof. Catherine Báez

–¿Siempre es posible una elección moral correcta?
Prof. Eulogio Silverio 

– Yo creo que ya respondí: sí, siempre es posible una elección moral correcta, pero dependerá de cuál es la moral del grupo.
De acuerdo con la comunidad que te educó, tú sabrás lo que es bueno y lo que es malo.

El problema viene cuando se te juzga con los valores de otra comunidad.
Por ejemplo, un musulmán que viene de una sociedad donde es legal casarse con niñas de 10 o 12 años, y llega a República Dominicana y se enamora de una niña de esa edad, aquí lo veremos como un pedófilo. Y los psicólogos dirán que es un enfermo.
Pero en su comunidad, ese hombre es perfectamente normal y respetable.

¿Me están entendiendo?
Si juzgamos a ese individuo con nuestras normas, es inmoral. Pero si lo juzgamos con las normas de su comunidad, es moralmente correcto.

Entonces, ¿cómo verificar lo que es correcto?
Si lo analizas desde los valores que formaron a ese individuo, sabrás si está actuando conforme a su moral.
Pero, lamentablemente, no son las normas que te formaron las que te juzgan, sino la comunidad donde cometes la acción.

Por eso la idea del multiculturalismo es aberrante y peligrosa.
Si usted viene a mi país, tiene que tener la vocación de integrarse a los valores de los dominicanos.
No puede pretender formar un gueto en la República Dominicana, como hacen algunos de los amigos tuyos que llegan, se instalan por ahí y no cambian sus valores, sino que insisten en mantener su cultura y sus costumbres, aunque choquen con la nuestra.

Prof. Catherine Báez

–¿La acción moral puede tener lugar en aislamiento o se limita a las acciones dentro de la comunidad?

Prof. Eulogio Silverio

–Bueno, si esa pregunta se la hacen a Valdez, seguro respondería recordando a Aristóteles:
“Una golondrina no hace verano.”
Y también diría:
“Aquel que puede vivir solo porque se basta a sí mismo, o es una bestia o es un dios.”

Ahí está la respuesta Katherine: la moral se da en el grupo. La moral pertenece al grupo. Son los valores del grupo.
Cuando hablamos de mos maiorum —origen de la palabra “moral”—, nos referimos a las costumbres y normas compartidas por una comunidad.

La moral no se da en aislamiento.
¿Por qué no se puede juzgar las acciones de Dios? ¿Y por qué no se puede juzgar las acciones del salvaje? Porque ni Dios ni el salvaje reconocen al otro.
Dios no tiene otro igual. En el caso de que existiera un Dios —para algunos sí, para otros no—, ese Dios verdadero no aceptaría nunca la presencia de otro dios, porque él es único y universal. Entonces, ¿tendría Dios que dar explicaciones de lo que hace a alguien? No. Porque no hay otro igual.

¿Ustedes se imaginan a Dios llegando al final del día, después del terremoto de Haití en 2010, y que aparezca otro dios de la misma jerarquía, lo mire con el ceño fruncido y le diga:
—“Te pasaste. ¿Cómo vas a matar 400,000 personas de un solo golpe?”
Dios tendría que explicarse… pero como no hay otro igual, no tiene que rendir cuentas a nadie.

El salvaje actúa de manera similar. Como no reconoce la alteridad, le da lo mismo defecar aquí o allá. No le importa el otro.
¿Por qué nosotros andamos con ropa? Porque ya nos da vergüenza mostrar nuestros cuerpos. A algunos porque están muy gordos, a otros porque están muy flacos, y a otros porque están viejos.
Como decía Lusitania: los griegos se reían en El banquete porque se propuso que hasta las mujeres hicieran gimnasia. Algunos filósofos se burlaban diciendo:
—“Eso debe ser un espectáculo interesante: ver mujeres viejas, con toda esa flacidez, haciendo ejercicios.”

Porque en Grecia, el gimnasio se hacía desnudo. Y Lusitania, que es feminista, acabó con los filósofos que se burlaban.

Bien, creo que he respondido a la pregunta: no hay acción moral fuera de la comunidad.

Esto se conecta con una especie de cinco reglas que he elaborado —y todavía estoy esperando que un filósofo me diga que me equivoqué—.
Son cinco condiciones mínimas necesarias para que una acción tenga valor moral:

  1. Que el individuo tenga conciencia de lo que hace.
  2. Que tenga libertad para elegir.
  3. Que exista intención de hacer el bien o el mal.
  4. Que posea los medios materiales para realizar la acción.
  5. Que dicha acción ocurra en el contexto de una comunidad que la juzgue.

Por eso, en mi trabajo sobre la pobreza extrema, quiero demostrar que las acciones de quienes viven en esa situación no tienen valor moral.
¿Por qué? Porque no pertenecen a la comunidad general. Y tampoco constituyen una comunidad con valores comunes que juzgue sus acciones, esto así porque el cerebro en modo sobrevivencia no reconoce lo moral o ilegal, entonces su acción no tendría valor moral.

Prof. Catherine Báez

–¿Deben tomarse en cuenta los sentimientos de los individuos en una elección moral?

Prof. Eulogio Silverio

–Bueno, yo creo que ya con todo lo que hemos dicho, queda claro que la moral se funda en esas relaciones de convivencia, en la que aprendemos.
Lo que es moral, tiene todo lo que tiene una comunidad, no se les puede quitar el sentimiento del individuo, porque la moral no es solo razón, es emoción, es ideología.

Y si no tomamos en cuenta los sentimientos del individuo, no comprendemos lo que es la moral.
Porque está claro —y si hay algún psicólogo aquí lo podrá confirmar— que, aunque sepamos que nuestra madre ha cometido un crimen, no vamos a salir corriendo a defender a la familia de la víctima.

¿Por qué? Porque quien nos duele es el cercano.
Eso lo demuestra la neurociencia: el dolor moral es más intenso cuando se trata de alguien cercano. Aunque esa persona haya cometido un delito.

Naturalmente, eso no quiere decir que aprobemos el crimen, pero sí lo protegemos emocionalmente.
Lo mismo pasa con las madres que salen llorando cuando la policía mata a su “angelito”, aunque ese hijo haya atracado y matado a otros.
Uno dice:
—“¿Pero cómo esa madre se atreve a llorar?”
—“¿No ve que su hijo mató a dos personas?”

Racionalmente, ella no debería ni llorar; debería pedir perdón a la familia de las víctimas.
Sin embargo, llora a su hijo. Porque ese es el cercano, ese lo llevó en el vientre, ese lo crio ella.
Y aunque sea un delincuente, ese es su hijo, más cercano que los hijos ajenos, aunque también duelan.

Prof. Catherine Báez

¿Cuál modelo es superior, el autónomo o el heterónomo?

Prof. Eulogio Silverio

–Definitivamente, Catherine, especialmente para mi, el modelo superior es el modelo autónomo.

Porque en la autonomía moral, el sujeto —según Kant, y yo también lo creo— elabora sus propias leyes y también juzga sus acciones.
Ese es el modelo moralmente más alto.

En cambio, el heterónomo, el que recibe valores ya elaborados por un grupo —sea religioso, político, sindical o cultural—, no procesa lo que hace.
Simplemente actúa conforme a lo que el grupo considera bueno. Pero no se cuestiona.

En el momento en que comienza a actuar autónomamente, es cuando puede juzgar sus propias acciones.

El ejemplo que siempre uso para entender la diferencia entre autonomía y heteronomía es el caso del piloto que lanzó la primera bomba atómica.
Con un solo disparo eliminó aproximadamente 45,000 personas. Ese piloto no sabía lo que llevaba; no tenía por qué saberlo. Solo cumplía órdenes. La orden venía de los superiores.

Al soldado se le entrena para ejecutar las órdenes que le dan los mandos. Él lanzó la bomba, regresó, y fue recibido como un héroe. En Estados Unidos llevan a los héroes de guerra a las escuelas para que den charlas a los niños. Seguramente ese piloto se sintió bien toda su vida, ¿verdad que sí? Porque cumplió la misión que le ordenaron.

Como era una moral heterónoma —la del soldado—, se le entrena para no pensar por sí mismo, sino para obedecer el comando que viene de arriba.
Si hubiese sido un filósofo quien toma la decisión de lanzar esa bomba, posiblemente, desde que observa la devastación, la conciencia empieza a gritarle:
—»¡Eso no estuvo bien! ¡Eres un criminal!»
Muchas gracias.